Mundo 30-03-2017

Alternativa Europea al gas ruso se llama Trans Adriático

La crisis de Crimea ha hecho mella en las relaciones comerciales que mantenían Moscú y Bruselas. Europa quiere desligarse de la “rusodependencia” energética y prepara nuevas infraestructuras para traer combustible de otros países en el medio plazo.

La crisis de Ucrania ha tenido importantes repercusiones en la dinámica energética que históricamente mantenían Rusia y Europa. El país presidido por Vladimir Putin aporta cerca del 35 por ciento del gas que consume el viejo continente (ver figura 1) y el 80 por ciento de él llega a través de Ucrania. Pero el enfrentamiento entre Moscú y Kiev ha llevado a los europeos a reactivar los esfuerzos por diversificar sus suministros energéticos. Este empeño se ha intensificado tras la anexión rusa de Crimea que ha provocado un importante cisma en las relaciones que mantenía Occidente con Rusia. El conflicto ha llevado a Vladimir Putin a cancelar la construcción del gasoducto South Stream (que preveía unir Bulgaria con Rusia) como represalia a las sanciones que la Unión Europea y Estados Unidos impusieron a su Gobierno tras la crisis de Crimea.

Europa, por su parte, tampoco se ha quedado atrás. En las últimas semanas ha anunciado su intención de emprender acciones legales contra la compañía gasista Gazprom por considerar que pone “trabas a la competencia en Europa Central y Oriental”. En concreto, la Unión Europea sospecha que la estatal rusa entorpeció de forma ilegal la libre competencia en Bulgaria, República Checa, Estonia, Hungría, Letonia, Lituania, Polonia y Eslovaquia. De esta manera, algunos grandes clientes de Gazprom sólo tenían permitido vender una parte del gas comprado a otros países, permitiendo a la empresa imponer precios más elevados en cinco países. Según la UE, la compañía rusa también condicionó el suministro de gas a Bulgaria y Polonia a la inversión de estos países en uno de sus gasoductos. Con esas prácticas, Gazprom quería lograr el monopolio en varios Estados del Este de Europa. Por estas prácticas, la estatal rusa podría pagar una multa de hasta el diez por ciento de su facturación anual.

Europa busca nuevos proveedores

Además de por Ucrania, la UE recibe gas ruso vía Alemania mediante el gasoducto Nord Stream que atraviesa el mar Báltico. Pero cada vez son más las razones que empujan a Europa a buscar nuevas alternativas para disminuir la dependencia energética de Rusia y, por eso, las autoridades europeas han desechado el proyecto de prolongación de esta tubería a otros países. “La diversificación no puede darse en la esfera de influencia de Rusia, sino a través de los corredores mediterráneos del Golfo Pérsico y el Norte de África así como en la cuenca atlántica del Golfo de Guinea y América Latina”, asegura Gonzalo Escribano, investigador del think tank Real Instituto Elcano de España. Conscientes de este hecho, las autoridades europeas han decidido calificar como prioritario el proyecto del Corredor Gasista del Sur, dicha infraestructura supondrá la puesta en funcionamiento de una red de gasoductos que atravesarán siete países recorriendo una distancia de 3.500 kilómetros para unir el yacimiento Shah Deniz (Azerbaiyán) con Europa. El Corredor lo conforman tres grandes gasoductos: Cáucaso Sur (SCP), Trans Anatolio (Tanap) y Trans Adriático (TAP).

El primero exportará gas desde Shah Deniz, operado por BP, hasta Turquía pasando por Georgia. En Turquía conectará con el Tanap, que transportará el combustible a lo largo de todo el país hasta llegar a Grecia, donde comenzará el TAP. Esta última tubería será la responsable de llevar el gas a los diferentes mercados europeos ya que conectará Grecia con el sur de Italia atravesando Albania. Una vez en suelo italiano, está previsto que el gas se redireccione a otros países como Francia, Alemania, Suiza o, incluso, Reino Unido. Asimismo, la segunda etapa del proyecto contempla la ampliación de los tubos a Montenegro, Croacia, Rumanía, Hungría y Austria.

Gas azerí a Italia en 2019

El TAP ha sido la opción que finalmente se ha impuesto al proyecto Nabucco West, que pretendía transportar gas azerí a Europa a través de Turquía, Bulgaria, Rumania y Hungría. La tubería fue proyectada por Estados Unidos para evitar el chantaje energético ruso. Pero el proyecto fracasó después de que Turkmenistán, Uzbekistán y Kazajistán apostaran por el South Stream. El trazado del Trans Adriático cuenta con una longitud de 871 kilómetros, tiene una capacidad inicial de 10.000 millones de metros cúbicos anuales (ampliable hasta 20.000 millones) y cuenta con un presupuesto de 45.000 millones de dólares (alrededor de 43.000 millones de euros). La construcción se desarrollará en línea con el calendario del yacimiento Shah Deniz, de forma que las primeras entregas de gas a Europa llegarán en 2019. El gasoducto cuenta con la participación de importantes empresas energéticas. Su accionariado está compuesto por Enagás (que cuenta con un 16 por ciento), BP (20 por ciento), Socar (20 por ciento), Statoil (20 por ciento), Fluxys (19 por ciento) y Axpo (5 por ciento).

Otras opciones para Europa Al margen del Corredor Sur, la Unión Europea baraja otras opciones para asegurarse el suministro de gas, entre las que se encuentra Turkmenistán. Sin embargo, se trata de una opción poco viable tanto por el volumen insuficiente de extracción como por los problemas de infraestructura que plantea. Además, este camino ofrece gran cantidad de obstáculos geopolíticos y legales. Argelia también se posiciona como un importante actor a tener en cuenta. El gas argelino podría llegar hasta Europa a través de España, aunque sería necesario crear conexiones adecuadas entre la Península Ibérica y Francia para distribuir el combustible a otros mercados. Los dos países proyectan construir el gasoducto Midcat, por el que España haría llegar a la red energética europea el combustible de Argelia.

Los mercados europeos también se podrían nutrir de gas procedente de Irak, Irán y Egipto, pero la unión energética con estos países no sería factible a corto plazo por las tensiones políticas y la gran demanda de infraestructuras. A largo plazo, en cambio, podrían convertirse en importantes proveedores gasíferos para el viejo continente. Asimismo, Europa se plantea aumentar paulatinamente el porcentaje de gas que compra a Qatar y Arabia Saudí, ya que el combustible procedente de estos países podría llegar fácilmente a los puertos europeos ubicados en las costas del Atlántico y del Mediterráneo almacenado en buques de GNL. Este sistema también permitiría transportar gas desde los países latinoamericanos. Trinidad y Tobago y Perú ya son exportadores relevantes a nivel mundial, pero gracias a los hallazgos onshore y offshore que han tenido lugar en la región durante los últimos años, también Venezuela o Brasil cuentan con amplias reservas probadas. De hecho, el 4,3 por ciento de las reservas de gas natural a nivel mundial se encuentran en América Latina. Sin embargo, Europa no cuenta con la infraestructura necesaria para recibir gas en grandes cantidades a través de buques. Aunque algunos países han dado grandes pasos en la construcción de terminales de GNL, en Europa Central y Oriental el desarrollo de terminales gasíferas ha sido mucho más lento y, por el momento, únicamente existen 20 puertos de este tipo en el continente.

Precisamente, la cancelación de South Stream ha reavivado los debates sobre los puertos de GNL en el sur de Europa, especialmente en Grecia y Croacia. Hace unos meses se barajó la posibilidad de construir dos nuevas terminales en Grecia: una en la frontera con Bulgaria y Turquía que tendría una capacidad anual de 3,5 miles de millones de metros cúbicos (bcm) y otra cerca del puerto de Alexandroupolis (en la región griega de Tracia Occidental) con capacidad para recibir 2,5 bcm. También en Croacia se plantea la construcción de una terminal gasífera en la isla adriática de Krk que tendría una capacidad de 10 millones de metros cúbicos. Todos estos nuevos canales servirían no sólo para diversificar las fuentes de suministro, sino también para garantizar la seguridad del suministro europeo a medio plazo, puesto que Moscú prevé cesar el suministro a Europa a través de de los conductos ucranianos en 2020 por los continuos enfrentamientos con el país vecino.
Rusia juega sus cartas

Moscú también está buscando añadir nuevos países a su cartera de clientes. Gazprom firmó el año pasado un acuerdo con la Corporación Nacional de Petróleo de China (CNPC) para suministrar 38.000 millones de metros cúbicos de gas natural anualmente al gigante asiático, pero para ello habrá que esperar hasta 2018. También ha llegado a un acuerdo con Turquía para construir un gasoducto que una ambos países atravesando el Mar Negro (Turkish Stream). Esta vía propone un cambio de ruta en el recorrido de South Stream al pasar por Turquía en lugar de por Bulgaria. Contará con una capacidad de 63 bcm, 16 de ellos serán suministrados en diciembre de 2016. Desde una perspectiva política, y dado el mal estado de las relaciones entre Moscú y Occidente, el Turkish Stream tiene mucho más sentido para Rusia que el South Stream. Y es que una infraestructura que necesita una inversión tan importante y que, además, debe cumplir los reglamentos de la Unión Europea es demasiado arriesgado en estos momentos.

En cambio, Bulgaria y Hungría están presionando a Bruselas para que revise su postura sobre el proyecto para evitar quedarse fuera del trazado.
Una dependencia bilateral

Mientras las alternativas de Rusia se hacen realidad, y pese al desgaste de las relaciones, el Gobierno de Vladimir Putin es consciente de que no puede prescindir de Europa, ya que desde hace años es el principal mercado receptor de sus exportaciones gasíferas. Así, ha propuesto a Grecia extender el trazado del Turkish Stream para unirlo con el Trans Adriático y que el gas ruso pueda llegar a Europa a través de esta vía. De hecho, habría varios países interesados en participar en este proyecto. El periódico Kommersant asegura que Grecia, Hungría, Macedonia y Serbia podrían unirse a la construcción del gasoducto Turkish Stream.

El único inconveniente que, en principio, presenta la unión de los países europeos a la construcción del Turkish Stream es que podría generarse un problema de competencia entre el trazado de este tubo, el Tanap y el TAP. No en vano, Turkish Stream tiene la intención de terminar en el distrito turco de Ipsala, donde el Tanap tiene previsto conectar con el TAP. Es muy probable que esto genere problemas comerciales, especialmente en el momento de aumentar la capacidad tanto del TAP (de 10 a 20 bcm) como del Tanap (de 16 a 31 bcm). Pero si se realizase la prolongación de este gasoducto.

Rusia podría transportar gas por el TAP sin violar ninguna norma del tercer paquete energético de la Unión Europea (TEP), según el cual una sola empresa no puede ser dueña de la tubería a través de la que también suministra gas. Bruselas señala, además, que a petición de un tercero, el gasoducto Trans Adriático está obligado a construir puntos de entrada y salida adicionales en Grecia para recibir gas de otras fuentes ajenas a Shah Deniz. De esta forma, Rusia podría reservar espacio para transportar su gas (como un proveedor, no un propietario) o solicitar la construcción de un punto de entrada o salida adicional. Eso sí, deberá esperar 25 años, que es el tiempo de exclusividad que el Consorcio de Shah Deniz ha firmado con el TAP.

Energía 16