Economía 22-05-2019

China planea cortar sus exportaciones de tierras raras a EE.UU.

A la espera de comprobar el impacto del veto de Estados Unidos a Huawei, que ya han empezado a aplicar Google, Intel y otras grandes firmas tecnológicas, en China está cundiendo la opinión de que hay que responder con contundencia a los ataques de Trump. Como la capacidad de imponer aranceles está ya casi agotada, puesto que China importa de EE.UU. bastante menos de lo que le vende, hay que buscar otras armas y una de ellas puede ser recortar las exportaciones de tierras raras, vitales en la industria tecnológica. Estos preciados minerales son básicos para la fabricación de armamento, vehículos y móviles.

Con el 90% de la producción global, China es el mayor exportador de dichos minerales, que se usan en la fabricación de componentes electrónicos y Washington no lo ha incluido en su larga lista de importaciones a gravar con aranceles. Cerrarle el grifo a las empresas tecnológicas estadounidenses sería, a largo plazo, un duro golpe que el autoritario régimen de Pekín parece estar reservándose en caso de que siga la guerra comercial.

Las últimas esperanzas para alcanzar un acuerdo están puestas en la cumbre del G20 que se celebrará el próximo mes en Japón, en la que se reunirán Trump y el presidente chino. Lanzándole un aviso, Xi Jinping visitó ayer una mina de tierras raras en la provincia sureña de Jiangxi junto a su viceprimer ministro Liu He, quien lleva las negociaciones con la Casa Blanca. Aunque la breve noticia difundida por la Prensa oficial no mencionó el conflicto, nada es casual para los calculadores dirigentes chinos.

Además, no sería la primera vez que Pekín usa sus tierras raras como arma política. Consciente de su valor, en 2010 redujo su cuota de exportación, pero la Organización Mundial del Comercio (OMC) le obligó a anular dichas restricciones en 2012 ante las quejas de EE.UU., la Unión Europea y Japón. Hasta 2015, China no cumplió la orden.

2,6 billones de euros de deuda

Otras opciones son vender las reservas de bonos del Tesoro estadounidense que atesora Pekín, estimadas en 3 billones de dólares (2,6 billones de euros), o devaluar el yuan para abaratar las exportaciones y paliar así los aranceles impuestos por Trump. Pero no parecen fáciles de llevar a cabo. Para China, la clave es minimizar el impacto de la guerra comercial, que podría restarle un 1% al Producto Interior Bruto (PIB) en el peor de los casos. A tenor del SCMP, así se lo reconoció uno de los más altos cargos del régimen, Wang Yang, a un foro de empresarios taiwaneses la semana pasada en Pekín.

Además de Huawei, otras firmas tecnológicas chinas pueden verse afectadas por el veto en EE.UU., como le ocurrió el año pasado a ZTE, que tuvo que cerrar cuatro meses por la prohibición de la Casa Blanca de venderle componentes electrónicos. Pero el veto también dañará a los proveedores estadounidenses que suministran microchips y semiconductores a las fábricas chinas donde se ensamblan los móviles, ordenadores y aparatos electrónicos de todas las marcas mundiales.

ABC