Política 01-11-2018

Disputas en el entorno de Jair Bolsonaro por el control de Petrobras

Los militares que lo asesoran buscan dirigir la petrolera. El futuro ministro de Economía quiere privatizarla.

Era previsible que la relación se tensara entre algunos generales que asesoran al presidente electo de Brasil Jair Bolsonaro sobre privatizaciones, y el futuro ministro de Economía Paulo Guedes. Los distancia del economista la resolución, nada menos, de quién dirigirá la estatal Petrobras. Durante la campaña como candidato del Partido Social Liberal, Bolsonaro confirmó en entrevistas, Twitter y Facebook: “No vamos a vender la petrolera pública. El corazón de la empresa seguirá en manos del Estado”. Luego había de trascender, el mismo domingo de su victoria, que los militares de su entorno querían el control de la dirección de la compañía.

Las intrigas internas, dentro del equipo del próximo mandatario, se pusieron al rojo vivo cuando Guedes reclamó para sí el nombramiento de la conducción de esa compañía, que fue constituida precisamente a instancia de las Fuerzas Armadas en 1953, cuando estaba en el poder Getulio Vargas. Tal vez por eso, la petrolera atravesó indemne los gobiernos de los más diversos colores, desde el nacionalista Vargas en adelante.

Ahora, en los cálculos de Guedes, su venta redundaría en tantos cientos de miles de millones de dólares que permitiría de la noche a la mañana liquidar el endeudamiento interno de Brasil. Los economistas, de todas las tendencias, dijeron que ese cálculo es inviable. Lo cierto es que el futuro ministro, convertido en el “dueño” de varias carteras fusionadas -Hacienda, Industria y Planificación-, pretende ahora quebrar el brazo militar en su pulseada por llevar a la jefatura de la petrolera pública al economista Roberto Castello Branco, quien como él hizo post doctorados en la Universidad de Chicago. Este especialista fue director del Banco Central y también se desempeñó en el directorio de la mineradora Vale. Entre sus antecedentes se cuentan, además, el haber participado en el consejo de administracion de empresas ligadas al mercado de capitales, a la minería y al comercio internacional.

La exigencia de los generales de quedarse con la dirección de Petrobras tuvo que ver, precisamente, con poner freno a los amagues privatizadores de Guedes. El propio vicepresidente electo Antonio Hamilton Mourao, se pronunció en contra del candidato elegido por el ministro de Economía que tendrá Brasil a partir del 1º de enero de 2019. Según el diario Folha de Sao Paulo, Castello Branco negó que fuera a ocupar uno de los cargos más relevantes de las estatales. “No decliné ningún convite por el hecho de que nadie me invitó”, declaró al matutino. Agregó que “él no quiso comentar sobre ese cargo, pero personas próximas a él (Castello Branco) dijeron que el economista ve la misión con buenos ojos”.

Folha también informó que Bolsonaro “no tomó todavía ninguna definición” e indicó que el vice Mourao considera que la estatal debe ser entregada a los militares “por tratarse de una compañía estratégica”.

Por ahora, el enfrentamiento “es larvado”, pero en cualquier momento, dijeron fuentes consultadas por la prensa brasileña, “puede estallar una guerrilla en torno del manejo de la petrolera pública”.

Este jueves, Bolsonaro tendrá que definir algunas cuestiones. Primero, debe recibir al juez Sergio Moro, quien fue invitado por él a ocupar el ministerio de Justicia. Luego viene una seguidilla interesante: a las 15 horas recibirá al embajador de Estados Unidos en Brasil, Michael McKinley. Este diplomático está por dejar el país para retornar a Estados Unidos donde asumirá el cargo de asesor del jefe del Departamento de Estado, Mike Pompeo. Los periodistas que montan guardia en las puertas del condominio donde se encuentra la casa “presidencial” temporaria, en Barra da Tijuca, descubrieron a la seguridad norteamericana haciendo un chequeo exhaustivo del lugar.

El general Augusto Heleno, quien será el próximo ministro de Defensa, indicó que Brasil tiene las mejores expectativas con relación al gobierno estadounidense. “No hay ninguna beligerancia. No hay nada escondido detrás de la puerta”. Sostuvo también que es “saludable” cualquier negociación del área militar con el gobierno de Donald Trump. “Ambos países usufructúan mucho en el intercambio de conocimientos. No hay ningún prejuicio en relación al Ejército de Estados Unidos, como existen en muchos nichos ideológicos brasileños. Tenemos nuestra soberanía absolutamente respetada por ellos”.

CLARÍN