Mundo 21-01-2020

El ‘terrorismo telefónico’ golpea Moscú y provoca 10.000 evacuados

Una nueva oleada de lo que popularmente se ha llamado “terrorismo telefónico” ha golpeado a Moscú, pero con más virulencia que en ocasiones anteriores. Este ataque, que consiste en la coordinación de cientos de falsas amenazas de bomba, obligó a la policía y los artificieros a revisar el lunes toda la red de metro, decenas de colegios y jardines de infancia, centros comerciales y varias cadenas de supermercados.

Agentes de policía y miembros del Ministerio de Situaciones de Emergencias (protección civil) tuvieron que recorrer todas las estaciones de la red del metro moscovita, una de las más concurridas del mundo, en compañía de perros entrenados. Los desalmados lanzaron sus avisos de pánico a 85 centros de enseñanza (primaria y secundaria), 16 guarderías y tres hospitales de maternidad. Además, recibieron tales amenazas tres tribunales de justicia y las cadenas de supermercados Piatiórochka y Magnit. Todos tuvieron que ser inspeccionados.

En esta ocasión no hay cifras oficiales de afectados, pero la prensa local calcula que unas 10.000 personas tuvieron que ser evacuadas, algo “sin precedentes” para un solo día en una sola ciudad. Junto a la anterior oleada de ataques, que se inició el 28 de noviembre y fue muy activa durante dos semanas, alrededor de un millón de personas han visto alterada su actividad diaria.

El fenómeno, que comenzó en 2017, aún no se ha podido atajar. Ese año hubo que evacuar a casi medio millón de personas en casi cien ciudades rusas. Los falsos avisos se hicieron con llamadas telefónicas. En medio de la crisis ucraniana, las primeras hipótesis apuntaban a llamadas desde el país vecino para desestabilizar, pero la teoría no se pudo sostener. Tampoco prosperó que fuera el Estado Islámico.

Las autoridades anunciaron que los responsables eran ciudadanos rusos que estaban fuera del país. Pero los servicios de emergencia suelen mantener silencio sobre este tema. El periódico Nóvaya Gazeta ha pedido al FSB que deje de ignorar el problema.

Para hacer frente a esta situación, se reformó el código penal y se elevaron las penas máximas de cinco a diez años de cárcel. Esto no ha frenado los ataques, y los únicos que han tenido que responder ante la justicia han sido gamberros aislados. El pasado diciembre un tribunal de Arjánguelsk condenó a tres años de libertad condicional a un hombre que reconoció que en mayo, y en estado de embriaguez, llamó a los servicios de emergencia de la ciudad diciendo que había explosivos en un centro comercial y en el aeropuerto.

En febrero del año pasado llegó una segunda oleada que afectó a decenas de regiones, desde Sajalín hasta la provincia de Leningrado. Las falsas amenazas de bomba ya se hicieron por métodos informáticos, principalmente el correo electrónico, pero también usando bots. Los expertos aseguran que la utilización de ordenadores y de programas que generen este tipo de mensajes hace que los investigadores los deban afrontar con nuevos enfoques técnicos, así como una mayor cooperación internacional. “Los perfiles de estudiantes negligentes que llaman a sus escuelas, pacientes ofendidos que hacen lo mismo con los hospitales, o competidores de empresas comerciales están parcialmente desactualizados”, editorializaba hace un año el diario Védomosti cuando las autoridades repetían la pista ucraniana que no llevaba a nada.

LA VANGUARDIA