Sociales 13-01-2021

La otra cara de la nevada en España

España enfrenta una ola de frío extrema con un viejo problema sin resolver: la pobreza energética, una realidad que, según datos del Gobierno, sufren entre tres y ocho millones de ciudadanos.

"O compro la comida o pago los servicios. Yo, particularmente, decidí que a mis hijos no le falte la comida. Lo demás, que si me llega una notificación de desahucio, que si me cortan los servicios, ya veré luego cómo lo resuelvo, pero lo primero que tengo que hacer es garantizar la comida de mis hijos". Son palabras de Arancha Martí, una española que junto a su esposo y dos hijos vive en el barrio Vallecas, en el sureste de Madrid.

La familia de Arancha es una de las tantas que sufre la pobreza energética en este país, un concepto que engloba a todas aquellas personas que no pueden satisfacer necesidades básicas de suministros de energía debido a ingresos insuficientes.

A la hora de hacer la entrevista con Arancha, el termómetro marca los 2 grados en Madrid. España enfrenta una ola de frío extrema y son muchas las familias que dentro de sus hogares solo pueden enfrentar las bajas temperaturas con mantas o abrigos, porque usar la calefacción se ha convertido en un lujo.

"Ahora con el frío pasamos calamidades porque no podemos poner la calefacción todo el tiempo porque no lo podemos pagar. La verdad es que como esta semana hemos tenido tanto frío, a veces la ponemos entre las 4:00pm y las 8:00pm. No la dejamos ni toda la noche ni todo el día. Esto es inhumano", confiesa Martí.

Arancha cuenta que durante años trabajó en el sector de la limpieza, pero que debido al coronavirus se quedó sin empleo, al igual que su esposo. Durante varios meses vivió con lo que familiares, amigos o conocidos le daban para comer.

Pero la pandemia no ha sido la única crisis que ha tenido que enfrentar la familia de Arancha Martí. Ya en el año 2008, durante la crisis económica, perdieron el apartamento por el que pagaron una hipoteca durante 18 años. Arancha recuerda que, tras una larga lucha, logró que el banco se quedara con la propiedad de la vivienda, pero que a cambio le dejara vivir en él pagando un alquiler social, un compromiso que, si llegara a incumplir, la dejaría en la calle.

"Hemos dejado de pagar el alquiler social, dejé de pagar luz, el gas, vamos viviendo al día. Lo que yo vivo no se lo deseo ni a mi peor enemigo. No sabes lo que es levantarte y escuchar que te llama el portero y no sabes si es porque te traen un certificado de desahucio, si te van a traer la orden de cortarte el gas, la electricidad. Yo estoy delicada de salud y con esta situación, lógicamente se agrava más, solo que tengo que tirar para adelante por mis hijos", admite Martí.

Pero el de Arancha no es un caso aislado. Paca Blanco, habitante de otro barrio humilde de Madrid, pasa por la misma situación.

"Es una espada de Damocles que tienes en la cabeza. Estás viviendo en el filo de la navaja. Todos los meses estás diciendo 'madre mía que este mes no me quiten la luz que está nevando, que me hace falta', al siguiente vuelves a pedir lo mismo. Así está viviendo la gente. La gente no está viviendo bien", confiesa Paca Blanco, activista en la comisión de energía de Ecologistas en Acción y de la Plataforma por un Nuevo Modelo Energético.

"Yo soy pensionista y, después de haber estado trabajando toda mi vida, mi jubilación es de 650 euros. Entonces, entre los pensionistas, los parados, los precarios somos ya más de la mitad del país y no tenemos dinero para pagar esos recibos. Yo no digo que 50 o 60 euros sea mucho para pagar una factura, lo que digo es que no lo ganamos. Nos han empobrecido", denuncia Blanco.

Fuente: Sputnik Noticias