Salud 16-09-2019

Listeria, la crisis que nadie vio llegar

Si algo no esperaban el nuevo presidente de la Junta de Andalucía, Juan Manuel Moreno Bonilla, y su consejero de Salud, Jesús Aguirre, es que apenas siete meses después de su toma de posesión les fuera a estallar en las manos una de las más graves crisis que pueden alarmar a los ciudadanos, una crisis de salud pública.

La infección por listeriosis más importante ocurrida en España, que ha afectado al menos a 218 personas, con tres muertos y siete abortos confirmados, saltó a la opinión pública justo en mitad del mes de agosto, en los días donde más fiestas se celebran en todo el territorio, donde más se come y se bebe. Una bomba que intentan desactivar con mayor o menor acierto.

Rubén Sánchez y la organización Facua-Consumidores en Acción se han esforzado por sacar los colores a las autoridades durante toda la crisis. No en vano, fueron ellos quienes dieron a conocer públicamente el nombre de la empresa causante del problema cuando la Consejería de Salud lo escondía.

A finales de agosto, Facua señalaba diez puntos en los que la actuación de las autoridades había sido francamente deficiente. Entre otros, destacaba su tardanza en decretar la alerta sanitaria; la defensa inicial de la empresa responsable; los días que se perdieron mientras productos de Magrudis seguían a la venta; dejarse engañar por los propietarios de la firma, que ocultaron que distribuían sus productos al menos a otra firma que los ponía en el mercado sin etiqueta; o descartar la posibilidad de que se pudiera producir una contaminación cruzada.

Tras las primeras declaraciones triunfalistas, las autoridades de la Junta se han instalado en una posición más realista. Se pasó de “nuestra gestión ha sido excepcional” o “la Junta está escribiendo una nueva página en el combate contra la listeria en España y el mundo”, al más moderado “lo hemos hecho razonablemente bien” o “cometimos algunos errores de comunicación al principio”.

La crisis de la Listeria monocytogenes es especialmente adversa para Moreno Bonilla y sus socios de Ciudadanos, que utilizaron como munición electoral contra Susana Díaz la degradación de la sanidad andaluza en los últimos años, una realidad constatable para cualquier persona que necesitaba utilizar el sistema público de salud en Andalucía. Más allá de las multitudinarias protestas organizadas por el pintoresco doctor granadino Jesús Candel Spiriman, que se convirtió en una pesadilla para Díaz, la joya de la corona, como la definía la expresidenta constantemente, había entrado en un periodo de franco declive.

Desde su llegada al palacio de San Telmo la sanidad ha sido el terreno escogido por los actuales dirigentes de la Junta para demostrar “la realidad y el valor del cambio”, tras casi cuarenta años de gobierno socialista, pero su “torpeza e inexperiencia en el manejo de una crisis de este calado les ha desenmascarado demasiado pronto”, señalan fuentes socialistas, ahora en la oposición. “La realidad de lo que se va conociendo parece demostrar que, más allá de sonoras frases exculpatorias, la gestión de la Junta ha dejado mucho que desear”, aseguran fuentes de las organizaciones de defensa de los consumidores.

LA VANGUARDIA