Política 26-07-2018

Prueba de fuego para el uribismo en el Congreso

Voces en el Capitolio creen que la ausencia del exmandatario podría debilitar la gobernabilidad de Duque y ven en la elección del próximo contralor el evento que dejará ver si el uribismo tiene el control del Capitolio.

El país no había salido del asombro por el episodio protagonizado por el senador Antanas Mockus en el acto de posesión del Congreso 2017-2022, cuando observó perplejo el anuncio de la renuncia del expresidente Álvaro Uribe Vélez a su curul en el Senado, informada el lunes en la noche en su cuenta en Twitter, a raíz del llamado a indagatoria que le hizo la Corte Suprema de Justicia por los presuntos delitos de soborno en actuación penal y fraude procesal. Y es que se iría el senador más votado en la historia de Colombia (más de 800 mil votos), el jefe natural del Centro Democrático y quien estaba llamado a ser el faro guía y la voz cantante de la bancada del nuevo Gobierno.

El Legislativo se paralizó toda la mañana de ayer. Se aplazaba el inicio de las plenarias y, al levantar las sesiones en las que se esperaba la votación para la conformación y las mesas directivas de las diferentes comisiones constitucionales y legales, aún no había acuerdos. “Nunca había ocurrido que inicie el Congreso sin acuerdo en comisiones”, trinó en Twitter el senador Roy Barreras al final del día. Desde las 8:00 a.m., un tumulto de gente se aglomeró frente a la Secretaría General del Congreso a la espera de la carta de renuncia. Mientras tanto, los congresistas del Centro Democrático más cercanos al exmandatario insistían en sus mensajes tratando de convencerlo de que no se fuera del Capitolio.

Sin embargo, el asunto no es tan simple. Una voz cercana al expresidente le aseguró a El Espectador que Uribe no presentará la renuncia al menos en los próximos días y se tomará el tiempo de su actual incapacidad médica para saldar una encrucijada jurídica: tener la certeza sobre quién lo investigará —si la Corte Suprema o la Fiscalía— en caso de renunciar a su curul. Empero, el solo anuncio de su partida ya se siente. “Tiene un impacto enorme. Uribe es el líder natural del Centro Democrático y de la que será la próxima coalición de gobierno. Necesitamos que nos ayude a sacar las reformas estructurales que requiere el país. Se pierde un líder histórico y político que conoce bien la estructura del Estado”, expresó el representante uribista Edward Rodríguez, quien, además, fue enfático en que en el partido han activado todo lo que está a su alcance para lograr que Uribe reconsidere su posición.

La principal preocupación de la bancada uribista es cómo mantener la gobernabilidad del mandatario electo, Iván Duque, con un gabinete sin ascendencia política y con una bancada que pierde a sus dos principales figuras: Uribe y Duque. “A Uribe se le había asignado una responsabilidad muy difícil y era manejar todos los hilos de la relación entre el Congreso y la Casa de Nariño. No me imagino cómo Duque podrá mantener un Congreso con los figurones que hay, sin la estatura del expresidente Uribe”, expresó un senador de Cambio Radical.

Es un asunto que, desde ya, advierten los partidos que se declararon en oposición, como la Alianza Verde. La senadora Angélica Lozano planteó eventuales roces de poder entre los uribistas porque, desde su perspectiva, no es tan claro a quién obedecer. “Él era el jefe y se hacía lo que él decía, pero ahora ¿a quién le van a hacer caso? ¿A Macías? Es un cambio profundo en la gobernabilidad de Duque, que aún no arranca, y, en lo que atañe a él, lamentables sus declaraciones”, dijo Lozano, cuestionando que el presidente electo no hubiese defendido, en su parecer, la división de poderes.

Para la representante Ángela María Robledo, excandidata vicepresidencial de Gustavo Petro, la renuncia de Uribe constituye un nocaut moral, ético y político para Iván Duque. “La vida pública del presidente electo está ligada al expresidente Uribe. Él llegó a la Casa de Nariño porque fue el que Uribe dijo, pero sin su exjefe político en el Congreso pierde a su más fuerte gladiador. Además, esta decisión se atravesó en el desarrollo normal de la actividad legislativa. No hemos podido elegir las comisiones y así veo muy complicado el arranque del próximo Gobierno. Ya en lo judicial, espero que el expresidente tenga todas las garantías y que no olvide que en la JEP tiene una instancia a su disposición para saldar sus cuentas”, expresó.

De otro lado, el senador liberal Mauricio Gómez consideró que la decisión de Uribe tiene un impacto muy fuerte en el panorama político que enfrentará el nuevo Gobierno. “Sin duda, esta situación enrarece mucho el ambiente en el Capitolio y complicará la gobernabilidad de Duque, pues polariza mucho al país. Enrarece las relaciones de Duque con las cortes y, por ejemplo, cómo se va a lograr así una reforma judicial”, puntualizó el congresista, cuyo partido ya anunció que hará parte de la coalición de Gobierno.

“Lo más prudente que puede pasar en el Centro Democrático es que haya calma y que se piense bien en la organización con la salida de Uribe. El tema sale justo cuando muchos legisladores también están peleando por la integración de las comisiones, muchos andan en lo suyo, pero lo que no se puede permitir es que la investigación contra Uribe acapare toda la agenda, como pasó en las épocas del proceso 8.000, porque hay proyectos que sacar adelante y un presidente que acompañar. Liderando al Centro Democrático veo a Paloma Valencia, que tomó la vocería desde el debate de la JEP”, dijo una voz liberal cercana al uribismo.

Lo que sí es un hecho es que la ausencia de Uribe en el Capitolio le bajaría mucho el perfil a un Congreso que había sido calificado como histórico, porque convivirían por cuatro años de intensos debates el jefe natural del Centro Democrático con los excomandantes de las Farc, o sus férreos opositores: Gustavo Petro, Iván Cepeda y Jorge Enrique Robledo. Si se acepta la renuncia, en el recinto muchos opositores se quedarán sin esa contraparte.

Algunas voces que no quieren ser identificadas aseguran que la gobernabilidad de Duque hace aguas antes de que empiece el Gobierno y están convencidos de que la prueba definitiva de cómo están las fuerzas en el Legislativo será la elección del nuevo contralor general, cargo al que se postularon más de 100 personas, entre ellas los exmagistrados del Consejo Superior de la Judicatura Ovidio Claros y Angelino Lizcano, así como el exsecretario general del Congreso, Emilio Otero. El candidato del gobierno Duque es el expresidente de Fedegán, José Félix Lafaurie, esposo además de la senadora uribista María Fernanda Cabal, y la elección será en un mes.

La discusión en este asunto se centraba ayer en que faltaba un concepto de la Procuraduría para avanzar en la firma del convenio con la Universidad Industrial de Santander (UIS), elegida para hacer los exámenes de méritos a los aspirantes. Además de esto, las hojas de vida deben ser avaladas por la Comisión de Acreditación del Senado, que en este momento aún no está conformada.

EL ESPECTADOR