Sociales 22-01-2020

Virginia vive una gran marcha a favor de las armas en medio del temor por acciones neonazis

Un recuento de urgencia a partir de los titulares del día:

Dos muertos y quince heridos en un bar de Kansas City. Otros dos fallecidos y cinco heridos en un local de copas de San Antonio. Dos agentes de policía caídos en acto de servicio ­–en un asunto de violencia doméstica–, tiroteados en Honolulu, en el descrito como un “vecindario pacífico”.

Los tres casos se registraron el domingo en Estados Unidos.

Frente a esta “carnicería”, nada especial respecto a lo que es habitual en este país, muchos lucían a las pocas horas una pegatina naranja en la que se leía la frase “las armas salvan vidas”.

Esa escena se vio en Richmond, la capital de Virginia, este mismo lunes, jornada de fiesta federal en conmemoración de Martin Luther King, el apóstol negro contra la violencia armada, asesinado por el impacto de balas en 1968.

Así que, en desprecio a su memoria, miles de personas –en su mayoría hombres y blancos– marcharon en defensa de la Segunda Enmienda de la Constitución, la que garantiza la posesión de esas máquinas de aniquilar.

Hubo máxima tensión y un gran despliegue policial por el temor de que las milicias de neonazis se apoderaran de la protesta, convocada por la iniciativa de Virginia de endurecer las leyes.

Existía el miedo a que se repitiera la tragedia de agosto del 2017 en Charlottesville, otra ciudad del estado en la que falleció una activista atropellada por un supremacista blanco. La pasada semana detuvieron a seis presuntos miembros de The Base , grupo de la extrema derecha, porque tenían la supuesta intención de acudir a Richmond y abrir fuego.

Toda esta atmósfera llevó al gobernador, el demócrata Ralph Northam, a decretar el estado de emergencia y a prohibir las armas en el entorno del Capitolio local.

En principio, la manifestación acabó sin incidentes, pero las fuerzas de seguridad mantuvieron la vigilancia y la emergencia no concluía hasta este martes.

“Si cae la Segunda Enmienda en Virginia, caerá en Estados Unidos”, dijo uno de los manifestantes a la NBC. Había realizado un viaje de ocho horas en coche, desde Carolina del Sur. “La legislación que pretende imponer Virginia es una línea roja, no nos desarmarán”, insistió a las cámaras.

“No es justo desarmar a alguien que no tiene un historial conflictivo”, afirmó Reggie Bowles, uno de los pocos afroamericanos presentes, en la CNN. El gobernador Northam ha reiterado que nadie va a desarmar a nadie y que este argumento no es más una teoría conspirativa difundida en las redes por los extremistas. Sin embargo, el presidente Donald Trump la ha amplificado con sus tuits. “El Partido Demócrata trabaja duro para quitaros la Segunda Enmienda. Es sólo el principio. No dejéis que pase. Vota republicano en el 2020”.

La cuestión es que los votantes de Virginia hicieron el pasado noviembre que los progresistas ganaran el control total del legislativo estatal, en buena parte por su promesa de imponer un mayor control y dificultar la barra libre en la compra de armas. Entre las medidas, ya aprobadas por el Senado y que esta semana puede pasarlas la otra cámara, se limita la compra de una al mes, impone la obligación de presentar los antecedentes e impone el veto de las armas en parques infantiles.

A pesar de la gran concentración, las encuestas indican que la mayoría de los ciudadanos de Virginia apoya esa legislación.

“No la cumpliremos”, coreaban los manifestantes llegados de numerosos estados. Muchos de ellos tenían en común otro elemento: los carteles a favor de Trump y de “cuatro años más”.

LA VANGUARDIA